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El consumo problemático en la etapa perinatal

El consumo problemático en la etapa perinatal

Entre la historia y el presente: pensar el consumo en perinatalidad

Las sustancias psicoactivas acompañan a la humanidad desde hace mucho tiempo. Antes de convertirse en una preocupación sanitaria o social, devinieron medicina en su gran mayoría, pero fueron utilizadas fuertemente como recurso simbólico y experiencia colectiva. Su uso estaba, en gran medida, contenido por marcos culturales que otorgaban sentido y significado para la existencia, a la vez que ofrecía un marco regulatorio.

Cada momento histórico y particularmente en cada sociedad se nombra, interpreta y regula el consumo de forma particular e ineludiblemente cambian con el tiempo. La frontera entre remedio y exceso nunca fue fija y la balanza histórica del consumo por sus consecuencias, se transformó en motivo de preocupación social. El desplazamiento no sólo abarcó su interés químico, sino que fue acompañado por fuertes debates históricos y culturales, llegando a su intento de regulación mediante políticas públicas de cuidado. 

Siguiendo con la historia, con la modernidad y la expansión de los mercados, muchas sustancias comenzaron a circular fuera de los marcos simbólicos que tradicionalmente las contenían y se volvió como se dice: de uso personal. Sin embargo, incluso en estos escenarios, las personas tienden a reconstruir pertenencia: los grupos de consumo pueden ofrecer identidad, lealtad y reconocimiento. 

Sin embargo, persiste una paradoja. Aún dentro de esa comunidad, muchas veces aparece un dejo de soledad y vacío. No es casual que la experiencia de consumo haya sido pensada históricamente como una forma de sujeción que deja a la persona sin palabras propias. Estar en compañía y, al mismo tiempo, profundamente en soledad: quizás allí se ubique una de las dificultades más difíciles de comprender y abordar. 

Tal vez una de las contradicciones más propias de nuestra época sea que solemos pensar el consumo como una forma de desconexión, cuando muchas veces la pregunta que subyace puede ser otra. Si en otros tiempos las sustancias se utilizaron para conectar con lo sagrado o con experiencias compartidas de sentido, ¿con qué se busca conectar hoy mediante su uso? Quizás con un ansiado alivio, con búsqueda de pertenencia, con una forma de sostener la experiencia cotidiana. En ese punto creo, aparece una tensión profundamente humana en relación a que no siempre se consume para desconectar de la realidad, sino para poder habitarla. Reconocer esta complejidad amplía, de alguna manera, la mirada para comprender qué búsquedas y qué necesidades pueden estar presentes detrás de estas experiencias.

En este punto resulta interesante la reflexión del antropólogo David Le Breton en su libro Desaparecer de sí. Una tentación contemporánea (2015), donde describe ciertas formas actuales de retirada subjetiva como intentos de suspender, aunque sea momentáneamente, el peso de existir. Entre esas modalidades incluye el recurso a sustancias como búsqueda de alivio frente a experiencias de vacío, cansancio o sufrimiento. Sin embargo, cuando estas trayectorias se encuentran con la gestación y el puerperio, aparece una situación particular: la presencia ineludible del bebé. Allí donde antes podía intentarse una forma de desaparición, el embarazo introduce una presencia constante (la del bebé real o por venir) que puede intensificar conflictos internos y sentimientos de culpa, especialmente bajo la fuerte mirada social que recae sobre las mujeres y personas gestantes.

Así el fenómeno deja entonces de ser individual y se vuelve intergeneracional, el cuerpo materno y el cuerpo del recién nacido quedan atravesados por una misma historia social, no solo por su transmisión placentaria sino por el difícil entramado que se teje entre la díada y el contexto. A tal respecto, sabemos que, el estigma social atraviesa de manera decisiva estas experiencias que pesa sobre las mujeres y personas gestantes o puérperas que consumen, un factor común en los escritos reunidos en esta publicación.

Ese estigma condiciona las miradas sociales y también puede obstaculizar el acceso al cuidado, silenciar experiencias y profundizar el aislamiento, con el impedimento de poder pedir ayuda.  Por eso, pensar el consumo en perinatalidad exige una perspectiva amplia, capaz de integrar dimensiones históricas, antropológicas, sociales, clínicas y vinculares, propia de una mirada compleja al estilo moriniano.

Este número y el siguiente de Revista Perinatal Argentina tiene como objetivo desafiar la etimología de la palabra adicción, que significa “sin palabras” y proveer de muchas de ellas para entender una situación que se vuelve compleja con su uso problemático, donde las áreas de la vida parecen ensombrecer y es imperioso salir para poder gestar y criar. Intentamos abrir preguntas, visibilizar una realidad que ocurre en el ámbito perinatal con mayor frecuencia de la que solemos imaginar y generar un espacio de reflexión compartida.

 Los textos que conforman esta edición reúne revisiones teóricas, investigaciones sobre consumo en perinatalidad, reflexiones, entrevistas a colegas que trabajan —en su mayoría— en instituciones y hospitales públicos, conjuntamente con experiencias de dispositivos construidos para acompañar a la díada.

Agradecemos a quienes colaboran en este número e invitamos a vincularse con la lectura de esta publicación tan interesante.


Esp. Lic. Patricia a. Díaz

Directora y coordinadora editorial


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