En el número anterior de Revista Perinatal Argentina® iniciamos un recorrido por el consumo problemático en la etapa perinatal. Nos propusimos ampliar las palabras disponibles para comprender una experiencia compleja, atravesada por dimensiones históricas, sociales, clínicas, vinculares y subjetivas. También señalamos una paradoja: aquello que muchas veces comienza como una búsqueda de alivio o como una manera de poder habitar la realidad puede terminar profundizando el aislamiento y dejando a la persona sin palabras para nombrar lo que le pasa.
Esta segunda parte invita a continuar aquella reflexión, pero desde otro lugar. Los artículos y entrevistas en este número llevan a interrogarse sobre las respuestas que se ofrecen cuando esas experiencias llegan, o no llegan, a las instituciones.
Tres palabras permiten recorrer esta edición: idealización, estigma y cuidados.
La idealización aparece en los modelos sociales de maternidad que todavía funcionan como medida de todas las experiencias. Se espera de las mujeres y personas gestantes una disponibilidad permanente, una entrega a la multitarea y una capacidad casi ilimitada para cuidar. Cuando una experiencia se aparta de ese modelo, se interpreta, muchas veces, como una falla individual en vez de ver una expresión de una posible historia atravesada por el sufrimiento.
Sobre esa distancia se construye el estigma.
La mujer que consume durante el embarazo o el puerperio puede dejar de ser considerada una persona que necesita atención y pasar a ser observada, ante todo, como una “mala madre”, una mujer irresponsable o una amenaza para su hijo o hija. El consumo adquiere entonces una visibilidad desmesurada, mientras se vuelven invisibles los sucesos significativos de vida (life events), además de estar atravesadas por los determinantes sociales de la salud que tantas veces son el marco donde se asientan las narrativas vulnerables que dominan esta problemática.
Los determinantes sociales de la salud son las condiciones en las que las personas nacen, crecen, viven, trabajan y envejecen, así como su acceso desigual al poder, al dinero y a otros recursos. No “causan” automáticamente un consumo, pero pueden aumentar la exposición, disminuir las alternativas de afrontamiento y dificultar el acceso a tratamientos y cuidados. (OMS, 2025 Informe mundial sobre los determinantes sociales de la equidad en salud. Informe global)
Aplicados al consumo durante la etapa perinatal, algunos de los más relevantes son: pobreza e inseguridad económica; precariedad habitacional y situación de calle, violencias de género, familiares y sexuales; falta de redes sociales y corresponsabilidad; desigualdades de género. Las mujeres suelen ser juzgadas con mayor severidad que los varones por consumir y, todavía más, si están embarazadas o tienen hijos. También el estigma y criminalización. El miedo a ser denunciada, judicializada o separada de sus hijos puede provocar ocultamiento del consumo, demora de los controles prenatales y alejamiento de los servicios. Barreras de acceso al sistema de salud; políticas públicas y respuestas institucionales: cuando predomina una lógica punitiva, aumenta el ocultamiento; cuando existen respuestas integrales, confidenciales y no estigmatizantes, se facilita la consulta.
Una ausencia que atraviesa esta edición permite dimensionar ese problema: la dificultad para encontrar relatos en primera persona de mujeres que hayan atravesado consumos durante la gestación o el puerperio. Esa voz que no llega no constituye un simple vacío editorial. Nos obliga a preguntarnos por las condiciones sociales e institucionales que hacen que hablar pueda ser vivido como un riesgo.
Como decía, la vergüenza, el temor a las represalias y la desconfianza se van construyendo en experiencias concretas de discriminación, deslegitimación y violencia.
Llegado a este punto me pregunto: ¿qué sucede cuando los espacios destinados a cuidar se convierten, para algunas mujeres, en lugares de los cuales necesitan protegerse?
Cuando una mujer calla por miedo a perder a su hijo, cuando evita un control prenatal porque teme ser denunciada o cuando siente que su palabra será puesta en duda, el problema no es sólo de ella. Se deben revisar las prácticas, los discursos y los dispositivos que contribuyeron a producir ese silencio. Fundamentalmente es lo que expresan los siguientes escritos en el contenido de esta publicación. Un cambio inminente se hace necesario.
Allí cobra sentido la tercera palabra: cuidados, ¡y más de uno por cierto!, porque no existe un único cuidado ni una sola persona responsable de producirlo. Cuidar supone construir redes capaces de alojar a la díada, acompañar procesos posibles y reconocer que también puede haber capacidades y prácticas de cuidado en contextos de consumo.
La perspectiva de reducción de riesgos y daños no desconoce las consecuencias que puede producir el uso de sustancias. Propone algo más exigente: reconocerlas sin reducir a la persona a aquello que consume. Invita a abandonar respuestas binarias, a distinguir modalidades y contextos, a escuchar las decisiones y los saberes de las propias mujeres y a construir objetivos de cuidado que puedan sostenerse en sus condiciones reales de vida.
Quizás allí se encuentre la continuidad más profunda entre ambas ediciones. En la primera intentamos abrir palabras para una problemática frecuentemente silenciada. En esta segunda comprendemos que no basta con que las mujeres y personas gestantes hablen: es necesario que existan personas e instituciones capaces de escucharlas sin convertir inmediatamente sus palabras en prueba, sospecha o condena.
Transformar la mirada implica pasar del juicio al acompañamiento, del estigma al respeto y del control aislado a la construcción colectiva de cuidados. Requiere también revisar nuestras propias prácticas, incluso aquellas que se realizan con intención de proteger y quizá vulnere derechos.
Agradecemos profundamente a quienes compartieron sus conocimientos, experiencias, interrogantes y prácticas para construir esta edición. Seguimos reflexionando juntos ante este fenómeno multidimensional tan complejo.

Esp. Lic. Patricia A. Díaz
Directora y coordinadora editorial
Revista Perinatal Argentina®